jueves, 27 de enero de 2011

Defendiendo lo indefendible Parte II


El Dictum de Acton reza así: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Este es el temor enraizado en los guatemaltecos, se nos hace imposible pensar que como pueblo, podamos establecer y ejercer nuestros derechos frente al Estado. 

Nos vemos como una Nación pobre, subdesarrollada, haragana, poco inteligente, por eficiente, poco educada, cobarde, inútil y débil. Nos avergonzamos de nuestra nacionalidad, de nuestras costumbres, de nuestros gobernantes, nos avergonzamos de ser guatemaltecos. 
Por ello, nos petrifica pensar que una persona que se encuentre en un cargo como la Presidencia pueda abusar de sus poderes y perpetuarse en el poder, con las consecuencias que aquello acarrearía.

Sin embargo, creo que mi generación (nací en el año 85) y las posteriores a la mía (no sé cuantas de las anteriores), ya no entienden este miedo, lo conocen, pues nuestros papás nos lo inculcan y se esmeran en hacérnoslo ver: “No salgás allí”, “no vayás allá”, “no te juntés con aquél”, “no te metás a este u otro trabajo”, “no participés en política”, etc., etc., etc. Muchos de estos miedos se ven acrecentados por los medios de comunicación, que se esmeran por vender muerte, corrupción y escándalo, siendo la prensa un negocio y no una institución (como a mi entender debería ser), los dueños de los medios se preocupan por lucrar, no por informar.

Estos temores, en la mayoría de casos, son infundados. Es más, es triste ver como personas sin escrúpulos muchas veces se aprovechan de las condiciones creadas por los medios para jugar con la mente de los guatemaltecos y hacernos creer que vivimos en un Estado de caos, de violencia, delincuencia, etc. Es cierto, la violencia y la delincuencia se han acentuado en nuestro país y la violencia se encuentra cada vez más cerca a las puertas de nuestras casas, pero esto no es excusa para que los guatemaltecos nos recluyamos en nuestras casas (los que pueden) y nos sentemos a observar como nuestro país se va lentamente a la basura. Ese resultado señoras y señores, está en nuestras manos y es nuestra responsabilidad. Hasta el día de hoy, era el deber de nuestros padres velar por la patria, por circunstancias que no viene al caso discutir, han fracasado en este deber, ahora, nos toca a nosotros.

Ahora, antes de tomar la batuta de nuestro país y encauzarlo de nuevo hacia un futuro próspero y digno, debemos de preguntarnos si las “viejas ideas” deben ser parte de nuestra estrategia para un nuevo futuro y la reconstrucción de una nación completamente resquebrajada y dividida contra sí misma. Esto conlleva un análisis muy serio, y habría que tener mucho cuidado, madurez y sensatez, al decidir que ideas nos pueden beneficiar y por lo tanto, deberíamos conservar, y que ideas habría que desechar por ser contraproducentes a los resultados que deseamos obtener.

Aquí es donde la cosa se pone delicada y donde, estoy seguro, me va a caer a palos. Es mi opinión, que el miedo a la reelección de un Ex presidente, es infundado. Ya de por sí, la norma está redactada con las narices (por no decir otra cosa) y deja lugar a subjetivismos y a interpretaciones. Ir a la fuente no ayuda mucho, solo nos hace darnos cuenta la poca seriedad con que se discutió esta norma en el momento de incluirla dentro de nuestra Constitución y con lo que nos CONFORMAMOS los guatemaltecos, es con una interpretación miedosa y cobarde de un artículo de la Constitución.

“Nadie, nadie, nadie, nunca jamás se atreva a ejercer la Presidencia en más de una oportunidad.” Para algunos, esto es lo que dice el artículo 187 de nuestra Constitución. Yo respetuosamente discrepo de esa opinión. A mi entender, la única manera de entender ese artículo (sin violar mis derechos y libertades como ciudadano guatemalteco) es la siguiente: “No se puede reelegir un Presidente que esté en funciones, ni siquiera el Vicepresidente, porque nos cuesta un montón bajarlos del cargo cuando les damos tanta confianza. Es más, bajo ningún pretexto, ni porque solo hayan ejercido por un período de tiempo muy corto, como en el caso de la falta absoluta del Presidente y Vicepresidente y que el Congreso nombre a un sustituto y que este sustituto ejerza su cargo por más de dos años, se podrá reelegir una persona que esté ejerciendo la Presidencia durante el período en que se convoquen elecciones para dicho cargo.”

Discúlpenme señores Magistrados, juristas, columnistas, etc., no necesito que me defiendan de un civil. No necesito protección en contra de una persona que se postuló, ejerció y salió de la Presidencia con todas las de ley. A mí entender, esta persona respetó el proceso democrático, no veo razón alguna por la que se le deba castigar o limitar por ello.

Peor aún, no se atrevan, señores Magistrados, juristas, columnistas, etc., a pretender limitar MIS derechos como joven guatemalteco. No pretendan imponerme sus opiniones, pues es lo que son. No pretendan arrastrarme a mí a su realidad, a ese miedo que los tiene petrificados, que los ha vuelto obsoletos y peor que esto, innecesariamente obstinados.

La esencia de un sistema democrático reside en la siguiente noción: la alternación en el poder. Y esta idea es muy sencilla. En un sistema democrático, se entiende que tienen cabida todo tipo de ideologías y todas ellas, en teoría, deberían de poder participar del poder y gobernar el país en un determinado momento. Es por ello que se crea el sistema de representación de minorías y todos esos mecanismos encaminados a permitir la mayor diversidad de ideas y opiniones dentro del Estado. Es esta la idea que defiende la democracia y para bien o para mal, es el sistema que nuestro país adopta, cambiarlo, a estas alturas, sería una tarea bastante complicada.

 El principio de no reelección complementa el principio de alternación en el poder, aunque este principio, en un régimen democrático maduro y estable, no tendría razón de ser. Sin embargo, entiendo que la nuestra sea una democracia joven y por lo tanto frágil y necesitemos este tipo de restricciones para evitar abusos que la historia nos ha enseñado, son propensos a suceder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario