La Constitución Política de la República de Guatemala. Una norma tallada en piedra, inquebrantable, incorrompible y casi imposible de modificar... o por lo menos eso quisiéramos pensar. En un país como el nuestro, donde la solución a la mayoría de los problemas no se encuentra en las leyes o en los procedimientos anticuados y obsoletos con los que contamos, sino en la creatividad y la necesidad de los guatemaltecos, la Constitución parece ser, a veces, un obstáculo al progreso del pais.
Es imposible decir que la Constitución no tiene su importancia, la tiene y mucha, pero no tiene mucho peso, sobre todo en las arenas políticas. Nuevamente, la culpa cae en nosotros, los inocentes ciudadanos que cómodamente observamos el constante flagelo a las instituciones y las normas que, supuestamente, son los pilares sobre los cuales se erige nuestra sociedad.
Ahora, fuere como fuere, la realidad del caso es que una Constitución como la nuestra, rígida y taxativa en tantos sentidos, no es efectiva para poder resolver la cantidad monstruosa de problemas con que cargamos. Se necesita, realmente, de todo lo contrario. Necesitamos reglas flexibles, pero aplicables. Necesitamos normas razonables, lógicas y prácticas. Pragmatismo, eso es lo que hace falta en nuestro pais.
Hoy en la mañana tuve una discusión acalorada por un tema que suscita sentimientos encontrados en muchos sectores de la población, la posible reelección de un ex-presidente de la República.
El punto es completamente válido, y es que nuestra gloriosa Constitución, en su artículo 187 establece una prohibición expresa para la reelección, estableciendo que:
"La persona que haya desempeñado durante cualquier tiempo el cargo de Presidente de la República por elección popular, o quien la haya ejercido por más de dos años en situación de titular, no podrá volver a desempeñarlo en ningún caso.
La reelección o la prolongación del período presidencial por cualquier medio, son punibles
de conformidad con la ley. El mandato que se pretenda ejercer será nulo."
Ufff, que prohibición expresa tan rígida. ¿Cómo, me pregunto, sería posible que un ex presidente se postule para el cargo de Presidente de la República de Guatemala cuando existe esa férrea prohibición establecida en nuestra grandiosa Constitución?
Pero al final de cuentas, realmente el "cómo" no es lo importante, no es lo que se debería estar analizando, sino el "porque". ¿Por qué se cree posible esta reelección?
El "porque" es algo desalentador. Y es que este cometido se puede lograr porque los guatemaltecos nos hemos visto, nuevamente, arrinconados. Se nos presentan dos opciones para las próximas elecciones: uno de "centro-izquierda" que tiene el pais inmerso en el caos. Estoy seguro que este partido tiene y tuvo siempre las mejores intenciones (o por lo menos eso me gustaría creer) pero la verdad del caso es que, en mi opinión, no se ha ganado el derecho a seguir otros cuatro años en la presidencia del pais, y menos bajo la dirección de la candidata que pretenden apoyar.
Este pais está sumido en una división social y económica profunda, en nuestra Guatemala se vive un resentimiento inhumano entre diferentes clases sociales, etnias y religiones, y a pesar de ello, nuestro flamante presidente ha sido completamente incapaz de dialogar, de lograr compromisos y sobre todo conciliar intereses de los distintos sectores de la población. Es más, parece no darle la menor importancia y su esposa (la próxima candidata a la presidencia), menos.
Por el otro lado tenemos el partido de derecha, porque dudo mucho que tenga nada de "centro". En la cúpula de este partido político se encuentra un ex militar con un currículum un tanto nebuloso. Se le ha acusado a este próximo candidato a la presidencia hasta de genocida, pero debemos recordar que a nuestro actual presidente se le acusó de triangular fondos para financiar su campaña... y nada pasó, por lo que dudo mucho que las acusaciones vertidas en su contra tengan peso alguno sobre su candidatura.
El hecho es que este candidato de corte militar no termina de ganarse la confianza del sector empresarial mas influyente del pais, en gran parte debido a fuertes rumores de nexos con el narcotráfico, que ya de por sí, tiene al pais de rodillas; también se sospecha de malas prácticas por parte del dirigente militar y su partido político. La reciente ola de violencia que se ha desatado en el pais parece no tener congruencia o sentido alguno; mas bien parece una estrategia preconcebida para desprestigiar al gobierno de turno y causar pánico y paranoia dentro de la población con el fin de fortalecer la noción de la necesidad de seguridad y "mano dura".
Esos son los dos contrincantes, las únicas dos opciones electorales hasta el momento. Es por ello que, a la falta de un personaje que pueda proponerse como un líder nacional, se propone una tercera opción, que a pesar de ser una excelente opción comparada con las otras dos opciones, encuentra una limitante en la Constitución de la República. Resulta ser que esa limitante es una de sus mejores ventajas, su experiencia como Presidente de la República. Puede decirse lo que se quiera de su gobierno presidencial, el hecho es que el haber ocupado ese cargo con anterioridad, le da un conocimiento y experiencia que ninguno de los otros dos candidatos tienen, y eso es un hecho.
Asi que nos vemos ante la típica tragedia del chapin, pocas opciones, pocas oportunidades y cuando se presentan estas ansiadas opciones u oportunidades, se ven truncadas por aspectos meramente burocráticos. Ojalá los fundadores de esta noble patria no me maldigan en su tumba por referirme a nuestra Constitución como un trámite burocrático, pero tal vez si dejáramos los miedos atrás y dejáramos esa rigidez que tanto caracteriza nuestro sistema legal, tal vez las cosas avanzarían más rápido. Es obvio que el Congreso no va a llevar a cabo esta reforma, pero al final de cuentas, el poder reside en el pueblo, ¿o no?
Este es el peor pretexto que he oído para reelegir a Arzú. Como los dos candidatos presidenciables que van a haber en las futuras elecciones no nos parecen, entonces pongamos al menos peor de los presidentes en la época "democrática" de Guatemala. No sin antes pasar por encima de la Constitución.
ResponderEliminarEs probable, que Arzú sea un mejor Presidente, por segunda vez, que cualquiera de los candidatos que vengan, ya sea Doña Colom o Mano Dura. Pero te pregunto Chova, habiendo estudiado una carrera entera de leyes, ¿propones pasarle encima a la Constitución?
Esto, es un claro ejemplo de lo que pasa en Guatemala, la ley está hecha para el que la quiere cumplir.
Creo que la solución no está en reelegir o no a un expresidente, la solución no es a corto plazo, ni Arzú por muy bueno que sea nos va a sacar del hoyo en el que estamos. No lo hizo durante el período en el que estuvo de presidente, ni estableció mecanismos para prevenir esto que estamos viviendo. NO ES LA SOLUCION. La solución es a largo plazo, se deben formar jóvenes, que hagan carrera política, que entiendan de la situación de nuestro país y sobre todo que sean íntegros y que cumplan con la ley.
Propongo además como primer paso de dejar de votar por la opción menos peor y empezar todos a votar de acuerdo a nuestros ideales. Dejar a un lado nuestros intereses y empezar a poner como prioridad los intereses de país.
De ninguna manera creo que se deba pasar por encima de la Constitución Negro, en eso estoy completamente de acuerdo con vos. Sin embargo, hay que ser justos y objetivos con TODOS los guatemaltecos. No podemos empesinarnos en exigir justicia al sector público, y no ser justos y objetivos con ellos, ello sería una gran hipocresía, y en todo caso, creo que es nuestro deber dar el ejemplo, de otra manera, en nada nos diferenciamos de aquellos que abusan del poder para conseguir impunidad.
ResponderEliminarEs exactamente por el análisis que he llevado a cabo de la Constitución que llegué a la conclusión que llegué y he profundizado en el tema junto con colegas estudiantes de derecho (con mucho gusto te puedo hacer llegar el documento si me proporcionás tu correo). El análisis se basa en el siguiente argumento: Nuestra Constitución es claramente de corte humanista, esto quiere decir, que considera al ser humano, así como su desarrollo y protección, la principal función y responsabilidad del Estado. Cabe recalcar, que los Derechos Humanos obtienen su importancia al representar una limitación a la injerencia del Estado en la vida del individuo, protegiéndolo así, de cualquier limitación a su libertad y dignidad mediante decisiones arbitrarias.
Tomando en cuenta lo anterior, los preceptos constitucionales que se establecen en el preambulo de nuestra Ley Suprema (principios, valores y bienes jurídicos tutelados en nuestra Constitución), un análisis de la intención de las personas encargadas de elaborar neustra actual Constitución (Actas de la Asamblea Nacional Constituyente) y los principios de interpretación constitucional establecidos por la misma Corte de Constitucionalidad se DEBE llegar a la lógica conclusión que: 1. siendo la Constitución la norma suprema de nuestro país, de la cual emanan el resto de normas, ésta debe ser hermética en cuanto a su contenido, no se pueden permitir incongruencias entre normas dentro de la misma; 2. que nuestra Constitución establece como RESPONSABILIDAD del Estado "impulsar la plena vigencia de los Derechos HUmanos dentro..." (preambulo de la COnstitución); 3. que el artículo 4o de la Constitución establece que "En Guatemala todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos." (Cabe recalcar que el principio de igualdad se fundamenta en "tratar igual a los iguales y desigual a los desiguales"). Y en este caso, no hay aspecto alguno que diferencie, fácticamente, a Alvaro Arzú (o cualquier ex Presidente) de cualquier otro candidato. Nos guste o no, Alvaro Arzú es, en este momento, un ciudadano común y corriente como el resto de nosotros, y como tal, debe obligadamente contar con los mismos derechos y facultades que el resto de nosotros (lo contrario se llama discriminación y el concepto mismos implica arbitrariedad). Si bien es cierto que nuestros derechos pueden ser limitados, ésto ÚNICAMENTE (y esto es de especial importancia) debe suceder en casos en donde exista una causal RAZONABLE para hacerlo.
Por ejemplo, si te fijás en las prohibiciones para optar a la Presidencia establecidas en el artículo 186 de la Constitución, es evidente que las mismas se establecen como una limitación para aquellas personas que se encuentren ostentando un cargo que, por el poder que conlleva, podrían representar una amenaza a un proceso electoral transparente y libre (como sería el caso, por ejemplo, de un ministro de culto que se aprovechara de la "palabra de Dios" para manipular la opinión y el voto de sus seguidores). Estas limitaciones son absolutamente comprensibles, aunque a mi parecer, han resultado inútiles a lo largo de nuestra historia (hemos tenido aproximadamente, no recuerdo al cifra exacta, 4 Constituciones en donde se le prohibe a un golpista ejercer la Presidencia, lo que esto ha incentivado, es Golpes de Estado que derogan la Constitución y elaboran una nueva, sería sensato pensar en mecanismos alternos de protección al orden constitucional) y 4. que el aplicar el artículo 187 como se pretende por los medios y como muchos lo han comprendido, implicaría primero, una violación y limitación arbitraria e injustificada al derecho de libertad e igualdad (libertad del electorado de escoger de entre la oferta electoral a la persona que mejor les parezca e igualdad al restringirle injustificadamente un derecho a una persona que se encuentra en igualdad de condiciones con el resto de la población.)
ResponderEliminarDebemos entender que el haber ejercido la Presidencia en una anterior ocasión no representa una justificación suficiente para restringir los derechos de una persona. No es lógico o inteligente llegar a estos extremos por miedos irracionales consecuencia de nuestra historia.
Es ridículo que en un país que pretende ostentar un régimen democrático, establezca limitaciones de este tipo. Todos los ciudadanos debemos contar con los mismos derechos mientras nos encontremos en igualdad de condiciones.
Es importante analizar el tema con objetividad y ver a nuestra Constitución con una perspectiva casi matemática. No podemos considerar artículos de la misma aislados, porque forman parte de un todo elaborado para que así fuera. Si no contamos con una norma suprema congruente y armoniosa, ¿qué podemos esperar de las normas que derivan de ella?