Ayer, el Partido Unionista (del cual soy parte) sufrió un revés en el Congreso. Se intentó incluir, mediante una moción privilegiada, un punto en la agenda del Congreso. Esta moción pretendía requerir de la Corte de Constitucionalidad, por medio del Congreso, una opinión consultiva respecto de la pregunta: ¿Puede Álvaro Arzú ser presidente nuevamente?
Me importaría muy poco el resultado de esta moción, pues realmente el Congreso es una payasada y no se podía esperar menos que lo que ocurrió, si no fuera porque dicha petición (la opinión consultiva a la CC) está fundamentada (en gran parte) en un argumento planteado por mi persona junto con otros dos colegas (¿Puede un ex Presidente volver a ser Presidente? Análisis histórico e interpretación legal del Principio de la No Reelección en Guatemala). Por esta única razón, el resultado de esta opinión consultiva me concierne, no solo por razones políticas (no puedo negar mi interés político en el asunto) pero por razones jurídicas y sociales.
La intención de esta iniciativa no es violar la Constitución, no es pasar por encima del Imperio de la ley ni violentar el Estado de Derecho, aunque comprendo plenamente porque se ve así. La confianza en el gremio político es prácticamente inexistente, ya ni siquiera se les da el beneficio de la duda... no voy a defenderlos, puede ser que lo tengan bien merecido.
Sin embargo, mi criterio respecto a este tema no es político, es jurídico y lo voy a defender en cualquier foro, público o privado. El propósito de este trabajo no es simplemente hacerle ver a la población y a los órganos competentes que existe un fundamento histórico y legal muy claro que evidencia un "espíritu de la ley" completamente contrario al que se toma por cierto en la actualidad; sino de alguna manera, acelerar nuestro proceso de madurez política y hacerle ver a esta nueva generación de jóvenes, que no es necesario vivir bajo la sombra de conflictos y miedos del pasado, que se vale cuestionar ciertos "dogmas sociales y jurídicos" que se nos imponen con un peso abrumante y no nos dejan pensar, actuar o expresarnos con la libertad que merecemos.
Es de una gravísima importancia tomar la coyuntura política, social y jurídica actual con la seriedad y la madurez que amerita. Es importante que nos empecemos a dar cuenta que el rumbo de este país lo definiremos nosotros en los próximos ocho a doce años y seremos nosotros los que sufriremos las consecuencias de las acciones que se tomen el día de hoy.
Pero analicemos nuestro futuro en caso, como opinan muchos, Álvaro Arzú efectivamente no se pudiera postular a la presidencia. Puede que existan buenos candidatos dentro de la oferta electoral actual, pero debemos reconocer que ninguno de ellos tiene el capital político para ganarle a la señora (Sandra Torres) o al General (Perez Molina), así que centremos en lo que sucedería en el caso hipotético en que gane cualquiera de estos dos candidatos.
Empecemos por el General. Poco sabemos de este pintoresco personaje. Se dice que ayudó a "restablecer el orden" luego del serranazo del '93, yo no estoy tan seguro de ello. Verán, Perez Molina era parte del gabinete de Serrano Elías, y como tal, persona de su confianza. Hay cierta información que se comparte antes de llevar a cabo una movida como la de Serrano, ya que es indispensable contar con el apoyo de ciertas instituciones para poder tirarse al agua de esa manera y salir victorioso. Por ello, es mi opinión que Otto Perez Molina fue simplemente, el primer traidor. Cuando Perez Molina se dio cuenta que el barco se hundía, hizo lo que consideró beneficioso políticamente: darle la espalda a la persona que lo había llevado al poder. Lo correcto, en su caso, hubiera sido impedir esa acción, detenerla antes que sucediera y así evitar ese rompimiento del orden constitucional. En vez, Perez Molina decidió observar cómo se daban las cosas, y cuando lo consideró oportuno, le clavó el cuchillo en la espalda a Serrano y salió victorioso al traicionar a su Jefe.
Otro aspecto que me preocupa de una hipotética victoria del General Perez Molina, es la actitud que tomará frente al problema del narcotráfico. ¿Pretenderá el General hacerle la guerra al narco al estilo Felipe Calderón? He escuchado que es muy probable que esto es lo que pretenda el General, que siguiendo el ejemplo de México, albergue la esperanza que el narco se empiece a movilizar hacia Honduras al verse enfrentado con el Estado en Guatemala. En este sentido, me tengo que mostrar un tanto escéptico y es aquí donde radica mi mayor temor si ganara este personaje.
No solo se ha demostrado que esta táctica no funciona, ya que en México ha generado más de 30,000 muertes de personas inocentes (sin verdaderos logros en cuanto al problema del narcotráfico), sino que Guatemala hace apenas 15 años firmó los Acuerdos de Paz que dieron fin a un conflicto armado de 36 años que desangró este país. Lo ÚLTIMO que este país necesita es involucrarse en otra guerra que va a involucrar a miles de guatemaltecos inocentes en un enfrentamiento armado sin cuartel con un enemigo que cuenta con un capital igual o mayor al PIB de Guatemala.
Entiendo que por su educación militar, el General se sienta muy machito y quiera hacerle frente a este monumental problema. En su infinita soberbia, estoy seguro que el General mira con ojos ciegos las consecuencias que su guerra acarrearía para el país y para la sociedad guatemalteca. Pregúntenles a sus papás, los que vivieron el conflicto armado interno, pregúntenles cómo fue su juventud, el clima que se vivía, el temor generalizado que existía en la población, la pesadilla que significó para miles de miles de guatemaltecos tener una guerra fuera de sus casas.
Algo si les puedo decir con total certeza, las consecuencias de ese conflicto interno las vivimos hoy en día, con una clase política pobre, un pueblo ignorante y una población cobarde. Hoy, se nos presenta una encrucijada y en septiembre habrá que escoger “el menos peor”…
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